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Con su paso un-dos, ahora avanza la muerte
con su paso un-dos, con su paso un-dos,
el paso que le marcan generales solemnes.

Husmean en sus mapas con reglas y compases,
señores de la guerra,
buscadores de vidas, buscadores de sangres.

De par en par los ojos
y en los ojos la niebla,
hay un niño en silencio...

Con sus muchas medallas de lata rutilante,
con su paso un-dos, con su paso un-dos.

... en los ojos del miedo,
otro niño escuchando
el reloj de su hambre.

Imponentes, deciden "hasta aquí la nación".
Luego se condecoran con su paso un-dos,
con su paso un-dos, con su paso un-dos.

Si suena la trompeta
si el tambor os convoca,
si llama el General...

La oquedad de los pechos resuena en las arengas.
Relumbran las medallas de lata rutilante
que ganan con la muerte.

... equivocad el paso,
ese paso un-dos,
ese paso un-dos...

Y la muerte, si llega con su paso, es temprana,
con su paso un-dos, con su paso un-dos.

... equivocad el paso,
ese paso un-dos,
ese paso un-dos...


(C) Francisco Álvarez Velasco
Voces:
Francisco Álvarez Velasco
María García Esperón


Música
Le chant des partisans
L'origine nascosto L. Einaudi
Realización
MGE
MMXI




LA ROSA de los vientos
pintada de colores
iluminaba el mundo.

Hacía que girara
para que el sol saliera por poniente;
y la sombra, con la aurora;
y que el viento llegase alguna vez
de donde nunca llega;
para que el Norte fuera Sur;
y África,
             Europa;
y Este, el Sureste.

Y el mundo (y tú con él),
tan campante y alegre
se movía a su aire.

Hoy la rosa no gira
y el viento está parado
y el sol va hacia el oeste
y la noche amanece con la tarde.



Está bebiendo solo.

Pide que lo acompañe:
-"Salud, mi compañera."

Pero no veo la copa,
ni me encuentro los labios.

La levanta a la Luna:
- "Salud, brillante hermana."

Mas la Luna es abstemia también en primavera.

Cuando él vaya a lo alto,
habrá ya luna nueva
y no podré seguirle.
y el también será sombra.

Así hablaba la sombra.




Des souvenirs dormant dans cette chevelure
Ch. Baudelaire

Busqué en ella la mar
y era silencio en olas por la almohada.

La mano puse y sumergí los dedos
para apartar las algas.
Brillaban en la arena
piedras pulidas blancas.

Y entre las rocas,
una caverna honda
que los ecos guardaba
de una canción antigua
y el vino añejo en ánforas selladas.

La cabellera. Dibujo y caligrafía de Mabel Lavandera